Donald Trump ha dado la mano a la discordia. En un gesto destinado a desatar la ira en Oriente Próximo, el presidente de Estados Unidos va a reconocer hoy a Jerusalén como capital de Israel y anunciar un plan para trasladar ahí su embajada, una mudanza que por “motivos logísticos, de seguridad y constructivos” requerirá años. De nada han servido las advertencias de la Unión Europea ni del presidente francés, Emmanuel Macron, ni las súplicas y amenazas de los países musulmanes. El presidente Trump, lejos de cualquier consenso, ha vuelto a demostrar que sólo es fiel a sus intereses.

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