La mayoría de los analistas así como de los dirigentes políticos y económicos de Brasil están convencidos de que la justicia impedirá al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva concurrir a las elecciones del próximo octubre. Pero hay una persona que defiende todo lo contrario: el propio Lula. “No voy a ir a la cárcel, porque a la cárcel va el que ha cometido un crimen y yo soy inocente, no hay ni una coma contra mí. No creo que haya un solo brasileño que tenga la conciencia tan tranquila como yo. Si me condenan sería la negación de la justicia”, proclamó el expresidente este miércoles en São Paulo en un encuentro con la prensa.

Lula llegaba espoleado por unas encuestas de intención de voto que cada vez le son más favorables. En los últimos meses, la popularidad del expresidente no ha dejado de crecer hasta alcanzar los niveles más altos desde que los escándalos de corrupción comenzaron a castigar al Partido de los Trabajadores (PT) y abrieron el camino al proceso que, el año pasado, acabó con la destitución de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff. El último sondeo fue conocido este mismo miércoles, del instituto Ipsos para el periódico O Estado de S. Paulo, y ofrece resultados espectaculares para el líder del PT. Su popularidad ha crecido en 16 puntos porcentuales desde junio hasta situarse en un 45%, más del doble que sus potenciales adversarios, el ultraderechista Jair Bolsonaro y el gobernador de São Paulo, el centrista Geraldo Alckmin.

El expresidente repite que el juez ni siquiera disponía de una prueba documental de que él sea el propietario de esa vivienda. Con bastante más rapidez de la habitual, el Tribunal Regional Federal de Porto Alegre fijó para el próximo 24 de enero la vista del recurso de Lula contra la condena. Si los tres jueces del tribunal ratificasen a Moro, el expresidente tendría muy difícil escapar a la inhabilitación política e incluso al ingreso en prisión.

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