“Escribo estas líneas desde mi casa, donde los tribunales me han confinado desde hace más de una semana. Soy un prisionero político. Un juez argentino me acusó de traición y de encubrir a funcionarios iraníes acusados de ser el cerebro del ataque terrorista de 1994 contra la Asociación Mutual Israelita Argentina, o AMIA , el principal centro judío de Buenos Aires , en el que murieron 85 personas y 300 resultaron heridas. Veintitrés años después del ataque, nadie ha sido condenado”.

Así arranca Héctor Timerman su su columna publicada hoy por el diario The New York Times, con la que busca dar a conocer en todo el mundo su postura ante el procesamiento que pesa sobre él. El ex canciller fue procesado en la causa que investiga el presunto encubrimiento de ciudadanos iraníes involucrados en el atentado a la AMIA y recibió prisión preventiva en arresto domiciliario por su delicado estado de salud.

En dicha misiva el ex canciller recuerda que el juez Bonadío fue apartado de la causa AMIA y denunciado por el propio fiscal Nisman, además hace expresa mención de las declaraciones públicas de Ronald Noble, ex titular de Interpol, este insistentemente ha dicho que en ningún momento se pidió la caída de las alertas rojas contra los acusados iraníes.

Así concluye: “Bonadio ha rechazado una solicitud para liberarme de la detención, que podría continuar por un largo tiempo. Y hace unos días, determinó que debía pedir permiso para ver a los médicos, una decisión criticada por Human Rights Watch. Por ahora, el caso AMIA languidece, como lo ha hecho durante décadas. Y nosotros, que de buena fe buscamos la justicia, somos blanco de la ira de la comunidad judía y de muchas familias de las víctimas. He pedido ser juzgado lo más rápido posible. Impedirme recibir atención médica oportuna es como condenarme a muerte. La Constitución de la Argentina no permite la pena de muerte. Pero con un juez como este, eso es poca garantía”.

Deja un comentario