Golpear a un tiburón blanco en la trompa suena a locura, pero en realidad es de lo más racional que puede hacer un surfer cuando vive una situación como la que atravesó Alejandro Travaglini. Cualquiera que tenga la tabla y las olas como pasión dedica una parte importante de sus charlas surferas a intercambiar información sobre tiburones, siempre teniendo en claro que no es precisamente la carne humana la que más les interesa. Prefieren la de ballena, delfines o lobos marinos.

El golpe en la trompa es ciertamente un muy buen recurso. La zona que confluye en la nariz del escualo es un centro nervioso y de orientación, por eso es lógico que un puñetazo certero (y aquí es bien importante lo de certero) desoriente al tiburón y permita al surfer ganar valiosos segundos para escapar.

No es raro el ataque de estos escuálidos a surfers, aunque las posibilidades de muerte son mínimas.

El triple campeón del mundo el australiano Mick Fanning, fue atacado por un tiburón en las cosas de Sudáfrica tres años atrás -un escalofriante momento que se transmitió en vivo- salió ileso tras defenderse a los golpes, y poco después estaba compitiendo nuevamente hasta anunciar su retiro dos meses atrás.

El mar es un entorno que, de tanto en tanto, da sorpresas desagradables como la que vivió Travaglini, aunque hay medidas preventivas, si ninguna funciona, el instinto y una trompada en el lugar justo bien pueden ser el último recurso.

Deja un comentario